Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
180 La ciudad de Santiago /DEUDGRU SDWURQR \ SURWHFWRU GH ORV DJULFXOWRUHV WHQtD VX ÀHVWD HO GH PD\R con procesiones, misas y bendiciones de frutos en las dos parroquias, actos a los que asistían muchos campesinos. La cantidad de imágenes que eran sacadas en procesión nos remite a con- siderar la riqueza que en tallas religiosas poseían los diferentes templos. La Iglesia Mayor contaba, desde el siglo XIX FRQ ODV ÀJXUDV GH 6DQWLDJR $SyVWRO Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de Lourdes y Jesús en la Peña, todas en tierra cocida; Nuestra Señora de la Concepción, San Isidro, Jesús en la Columna y San José, en madera; el Sagrado Corazón de Jesús, Jesús Predicador, San Antonio y Santa Lucía, mientras que en la iglesia del Carmen se hallaban las de Nuestra Señora del Carmen, Jesús Nazareno, Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Bautista y el Cristo del Descendimiento. De HVWDV OD LPDJHQ GH 6DQ ,VLGUR \D ÀJXUDED FRPR SDUWH GHO LQYHQWDULR GH SLH]DV GH OD ,JOHVLD 0D\RU HQ (Q OD $OWDJUDFLD H[LVWtDQ ODV LPiJHQHV GHO 6DQWR Niño de Atocha, La Inmaculada, San Isidro —con una yunta de bueyes—, La Dolorosa, San Juan Evangelista, San Joaquín, Santa Ana, Nuestra Señora de Lourdes, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora del Rosario. Desconocemos la procedencia de estas tallas, pero en el curso del siglo XX DOJXQRV ÀHOHV UHJDODURQ QXHYDV LPiJHQHV (QWUH ORV GRQDQWHV VH FRQWy D Virginia de Dalmau, con un San Miguel para la Iglesia Mayor, traído desde Barcelona por su esposo Joaquín Dalmau (1911); Amelia Julia de Espaillat y Virginia Julia con un San José para el Asilo Santa Ana (1912); Joaquín Dalmau, con un San Miguel para el mismo templo (1913); Felicia Julia Vda. Espaillat, con un Sagrado Corazón de Jesús para el Asilo Santa Ana (1913); Lucrecia Espaillat y la ancianaAbúa Rodríguez, con unaDolorosa y una Santa Eduvigis, respectivamente, para la capilla de San Antonio (1913) y Judit Rodríguez, con el conjunto de Jesús Nazareno y Simón Cirineo, traído desde Barcelona (1914) para la Iglesia Mayor. La Semana Santa era un período de recogimiento y sin dudas la más im- portante y trascendente conmemoración. Determinada por la primera luna llena de primavera en el hemisferio norte, variaba entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Le precedía la solemnidad de la Cuaresma, que comenzaba el Miércoles de Ceniza, día en que, amén de bendecirse y distribuirse ceniza, no se comía carne, se ayunaba y se degustaban frijoles con dulce. En el decurso de esos 40 días, todos los miércoles y viernes, en las dos parroquias de la ciudad y en la iglesia del Carmen, se pronunciaba el Sermón de Cuaresma. Durante todo el período, diariamente en la Iglesia Mayor se hacían viacrucis y los viernes se ayunaba y quedaba proscrito el consumo de carne. Esta serie de cambios en los hábitos alimenticios hacía que los establecimientos comerciales
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3