Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

184 La ciudad de Santiago 'XUDQWH WRGRV ORV ÀQHV GH VHPDQD GH HVH PHV \ HQ RFDVLRQHV SRU GtDV consecutivos, la ciudad se animaba con la celebración de bailes de disfraces y la salida a las calles de comparsas y enmascarados individuales o en com- parsas, a pie o a caballo, que concentraban su aparición los días domingo, lunes y martes que antecedían al Miércoles de Ceniza. El último día, Martes de Carnaval, se manifestaba momentáneamente un sutil igualitarismo social, DO FRQÁXLU PDQLIHVWDFLRQHV IHVWLYDV SRSXODUHV \ GH pOLWH ([FHSFLRQDOPHQWH HO LQLFLR R OD GHVSHGLGD GHO FDUQDYDO WHQtDQ HIHFWR HQ época de Cuaresma: el Sábado, Domingo y Lunes de Tentación —primeros después del Miércoles de Ceniza—, y aún después, tenían lugar bailes de dis- fraces y recorridos de máscaras por las calles. &RPR H[SUHVLyQ GH OD YHUWLHQWH O~GLFD GHO FDUQDYDO ORV EDLOHV GH GLV - fraces fueron fundamentales. Eran el eje de las celebraciones y en ocasiones se celebraban en casas de familia por personas que al parecer alquilaban las YLYLHQGDV SDUD HVRV ÀQHV /RV RUJDQL]DGRUHV GH EDLOHV DFWXDEDQ RUJDQL]DGRV HQ ©HPSUHVDVª ,GHQWLÀFDGDV SRU ORV DSHOOLGRV GH VXV SURPRWRUHV R FRQ VXJH - rentes nombres, resultaban de la voluntad de una persona o dos socios —ge- QHUDOPHQWH³ TXH DVXPtDQ FDGD DxR OD RUJDQL]DFLyQ GH ÀHVWDV GH GLVIUDFHV en viviendas propias o de terceros, animadas por una orquesta y provistas de una cantina con bebidas surtidas. La intensidad de los bailes era proverbial y su importancia económica lle- gó a ser tal que fueron gravados con un impuesto municipal y se requería para su celebración una licencia del Ayuntamiento. Otras particularidades de los bailes de máscaras era que también tenían efecto en época de Cuaresma y en el mes de agosto, formando parte de la conmemoración de la Restauración de la República, gestando así el que sería llamado «carnaval de la Restauración». Referencias de estos aparecen en los meses de agosto de 1891, 1904, 1905, 1908, 1909, 1910, 1911, 1912 y 1913. Amén de que en los días de carnaval se abusaba de bebidas alcohólicas, los bailes populares eran promotores de desórdenes, pero sobre todo llegaron a constituir atentados contra la moralidad pública, por lo que el Ayuntamiento decidió establecer un control más estricto sobre ellos. En 1910 prohibió cele- brar en el centro de la ciudad frente al parque Central y residencias de «fa- milias distinguidas», bailes de disfraz de meretrices y dictó una ordenanza sobre bailes, por la que se dispuso que nadie podía dar bailes de máscaras o «de paisanos», fuesen o no de especulación, en que tomaran parte mujeres tachadas de prostitutas, sin permiso previo del comisario municipal, quien GHEtD QRWLÀFDUOR DO MHIH GH OD 3ROLFtD 1RFWXUQD

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