Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
Historia general del pueblo dominicano 89 al general José María Cabral, Protector de la República, encargado del Poder Ejecutivo, y logró derrocar a Pimentel. Este, pocos días después, al igual TXH ORV PLHPEURV GH VX JDELQHWH IXHURQ FRQÀQDGRV HQ OD FLXGDG GH 6DQWR 'RPLQJR 'XUDQWH HVWH FRQÀQDPLHQWR HO ´JUXSR FLEDHxRµ SHUGLy GRV LPSRU - WDQWHV ÀJXUDV VX LOXVWUH PHQWRU %HQLJQR )LORPHQR GH 5RMDV \ HO DFWLYR FRUUH - ligionario de origen inglés, Theodoro Stanley Heneken, quienes fallecieron HQ FLUFXQVWDQFLDV PLVWHULRVDV DÀUPDQGR DOJXQRV TXH IXHURQ HQYHQHQDGRVª 7 Según Campillo Pérez, el general Pimentel era un mal gobernante, debi- do a su incapacidad y temperamento. Además, era bastante impopular por sus actuaciones pasadas, entre las altas esferas económicas e intelectuales del país y selló la suerte de su gobierno negándose a trasladar la sede del mismo a la ciudad capital, lo que hizo cundir el rumor de que se iba a repetir la H[SHULHQFLD GH FRQ OD &RQVWLWXFLyQ GH 0RFD FLUFXQVWDQFLD TXH PRWLYy HO levantamiento armado de Cabral, azuzado por los comerciantes capitaleños y con el respaldo del llamado «grupo cibaeño». 8 El gobierno de Cabral, aceptado gustosamente al principio, «quiso fo- mentar un régimen de conciliación nacional con orientación liberal. Contó para ello con un grupo de jóvenes, principalmente de la capital, ardorosos por cambiar las estructuras vigentes. Eran todos de tendencia liberal, neoduartis- tas, como, por ejemplo: José Gabriel García, Mariano Antonio Cestero, Luis Durocher, Fernando Arturo Meriño y otros». 9 José María Cabral tomó algunas medidas para proteger a los comer- ciantes de cierto pillaje que ya era una costumbre realizaran algunas tropas restauradoras que, al decir de Adriano Miguel Tejada, «no se caracterizaron, precisamente, por su disciplina militar durante toda la contienda restaurado- ra. La misma guerra de guerrillas que se debió librar contra un enemigo mejor armado y entrenado, permitió la creación de una serie de caciques locales que reunían un grupo de hombres para defender determinada demarcación, cuya OHDOWDG HUD PDQWHQLGD D WUDYpV GH OD H[WRUVLyQ \ HO SLOODMH (YLGHQWHPHQWH HVWH era un mal menor frente a la ocupación española, y, seguramente, fue sopor- tado por el grupo dominante contando con que a su ascensión al poder total serían eliminados esos malhechores disfrazados de ovejas». 10 8QR GH ORV GHVDFLHUWRV PiV VLJQLÀFDWLYRV GHO JRELHUQR GH &DEUDO IXHURQ las negociaciones que inició secretamente para arrendar la bahía de Samaná a los Estados Unidos. Con este hecho el movimiento de resistencia baecista ganó IXHU]DV DQWH OD SpUGLGD GH FRQÀDQ]D TXH VH KDEtD JUDQMHDGR &DEUDO (Q HVWD revuelta se destacó Pedro Guillermo, quien gobernó por 23 días hasta tanto la Asamblea Constituyente eligiera a Báez como presidente constitucional. Este regresó de Curazao e inició su tercer mandato el 8 de diciembre de 1865,
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