Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

82 Realidades y utopías de progreso en la República Dominicana, 1880-1930 /RV SROtWLFRV TXH WHQtDQ PHQRV FRQÀDQ]D HQ HO SRWHQFLDO GH OD SREODFLyQ rural nativa buscaron un remedio más fácil y sobre todo más rápido. Había que atraer elementos humanos menos indolentes y más modernos. Imitando a los otros países latinoamericanos, inventaron proyectos que tenían como ob- jetivo atraer a una población europea que podría refortalecer la sociedad y el potencial económico del país. A pesar de lo observado arriba, también debe haber tenido un elemento no completamente ausente de «mejorar la raza». En ORV GHPiV SDtVHV ODWLQRDPHULFDQRV GH OD pSRFD H[LVWLy HVWD LQYHWHUDGD LGHD GH que las sociedades caucásicas habían producido cerebros más inteligentes y FXOWXUDV PiV VRÀVWLFDGDV 6LQ HPEDUJR SDUHFH KDEHU VLGR PiV XQD DPELFLyQ hacia la modernidad occidental que entendido en términos puramente raciales. Este dualismo no fue tan simple en la práctica diaria. A pesar de la admi- UDFLyQ KDFLD HO PRGHOR QRUWHDPHULFDQR \ OD HVFDOD \ VRÀVWLFDFLyQ GH GHVDUUROOR técnico de las empresas azucareras, el poder y la arrogancia de sus empresarios también fomentaban un celo nacionalista y casi nativista. El campesino do- minicano fue presentado como el contrapunto de las plantaciones de azúcar. Simbolizaba los valores puros y solidarios del campo. La consecuencia fue que FRQ WRGR HO OLEHUDOLVPR GH PHUFDGR \ OD FRQÀDQ]D HQ ODV LQYHUVLRQHV H[WUDQMHUDV también se fomentaban una política rural y un nuevo nacionalismo económico y social. Ya había sido el ideal de José Ramón López: educar a los campesinos para que ellos pudieran ganarse la vida en el campo y no se vieran en la necesi- dad de migrar a las ciudades y allá vivir una vida de vagancia. «Es muy difícil y peligroso el transplante de una clase a otra. Serían desgraciados si llegaran a perder la ingenua pureza de su amor al campo». Aquí se ve en óptima forma el otro dilema de la modernización. Los polí- ticos e intelectuales nativos querían transformar la sociedad dominicana. Pero al mismo tiempo estos cambios los asustaron. Ellos tenían miedo a que los hombres migraran del campo a los centros urbanos e industriales. Creían que LEDQ D GDxDU HO HVStULWX GHO FDPSHVLQDGR \ GH OD VRFLHGDG GRPLQLFDQD $O ÀQDO lamentaban la pérdida de la «ingenua pureza» de los habitantes del campo y su degeneración hacia un proletario alienado. C ONCLUSIÓN No cabe duda que en el período 1870-1930 el crecimiento económico y ORV FDPELRV VRFLDOHV IXHURQ QRWDEOHV /D HFRQRPtD GH H[SRUWDFLyQ HQ HO SDtV

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