Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
76 Realidades y utopías de progreso en la República Dominicana, 1880-1930 I DEOLOGÍAS DEL PROGRESO La obsesión con el progreso de las élites dominicanas fue ciertamente la característica más sobresaliente de este período. La misma tendencia se podía observar en otros países de América Latina (y hasta del mundo), pero en un país aislado y subdesarrollado como la República Dominicana tomaría una intensi- dad y urgencia más fuerte. Las élites dominicanas querían desesperadamente llevar su sociedad hacia los colmos de la modernidad. Al mismo tiempo, pero dándose cuenta de que no era tan fácil, no pararon en recriminar a su población rural por no entender este objetivo sagrado. Esta tensión entre sueño y realidad ha sido el origen del pesimismo que muchos autores dominicanos han destaca- do como la característica más importante del pensamiento dominicano. Tal vez no fue pesimismo en sí lo que surgió, sino más bien la idea de que el progreso no era una posibilidad sino un deber y una obligación, tanto para los líderes políticos y económicos como para la población en general. Como escribió José Ramón López en su famoso ensayo de 1896, La alimentación y las razas : «Ningún pueblo tiene derecho a apoderarse de un pedazo de tierra y esterilizarlo para la civilización, para el progreso, para lo fuerte, lo bello y lo bueno». Estas no son palabras de un pesimista, sino de un misionero del progreso. En el marco ideológico de López, esta misión tocaba tanto a las élites como a la masa de la población. Los líderes políticos tenían la obligación de ayudar a la población campesina y ofrecerle la oportunidad verdadera de integrarse en los proyectos de la nación y el desarrollo. Para eso, lo más importante sería la organización de un sistema educativo para que se pudiera educar y «civilizar» a los campesinos. Dos décadas más tarde, en plena época de la dominación norteamericana, lo formuló aún más agudamente: «Un lado de la cuestión que hemos descuidado vergonzosamente es el de los derechos del ciudadano campesino. Nada le he- mos dado, como no sea seculares injusticias, ignoracia tenebrosa, malos tratos insufribles. [...] Creo que ya es tiempo de dotar al campesino de la instrucción agrícola de la cual carece [...]». 20 Aquí vemos los contornos de un claro modelo nacional de desarrollo cuyas raíces tenían que emerger de la sociedad dominicana misma. En este sentido, podríamos decir que sus ideas fueron un esfuerzo de transformar las ideas decimonónicas de Pedro Francisco Bonó a la nueva realidad del país. Sin em- bargo, donde este enfatizaba el valor moral y patriótico de la sociedad rural, López veía su estancamiento y la consecuente necesidad de transformarla. Los dos creían en un modelo de desarrollo nacional que tenía que involucrar a toda la sociedad dominicana. Esta perspectiva llegaría más tarde con el famoso
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