Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

408 La resistencia rural &XDQGR VH HVWLPy LQVXÀFLHQWH WRGR DTXHOOR VH DFXGLy D QXHYRV SURFH - dimientos de reconcentración, entre los cuales sobresalió el de Los Llanos, el 29 de octubre de 1921. Toda la población masculina de la villa fue trasladada amarrada hasta el batey Las Pajas en humillantes condiciones para ser depu- rada. 109 Inhábiles para comprender el entramado completo de lo que acon- WHFtD ORV RÀFLDOHV D FDUJR GH OD MHIDWXUD GH ODV RSHUDFLRQHV DFXGtDQ D QXHYDV PL[WLÀFDFLRQHV VLPLODUHV D ODV GHO IDQWDVPD DOHPiQ GH DxRV DWUiV FRPR TXH los verdaderos jefes de la insurgencia eran los citadinos de las villas interiores. Con prontitud, quedó claro el fracaso de estos procedimientos. El hosti- gamiento a los pobladores urbanos, amén de absurdo, resultaba contraprodu- cente, por elevar el repudio a la Ocupación. Los destacamentos guerrilleros, aunque fueron afectados por los cercos, simplemente se trasladaron a zonas más alejadas. Natera incluso pudo mantener sus cantones sin mayor proble- ma en los montes de El Jagual, circundantes a los campos cañeros. L AS PROPUESTAS DE LOS HACENDADOS Y LA RENDICIÓN )LQDOPHQWH DQWH HO IUDFDVR GH ORV VXFHVLYRV PHGLRV SDUD OD SDFLÀFDFLyQ los jefes de la Infantería de Marina tuvieron que aceptar las propuestas hechas en enero de 1922 por un núcleo de hacendados, entre los cuales se hallaban los que mejor conocían los resortes de la guerrilla por ser constantes contribu- yentes de los sobornos. Sus principales integrantes fueron el estadounidense (GZLQ , .LOERXUQH HO JHUHQWH H[WUDQMHUR PHMRU HQWHUDGR GH ORV LQWUtQJXOLV GH la vida regional y de los motivos profundos de la insurrección, y el domini- cano Enrique Jiménez; el primero era vicepresidente de la Cuban Dominican Sugar Co., empresa propietaria de varios ingenios, y, el segundo, promotor del ingenio Las Pajas y acaudalado colono, además de hombre culto y sensi- ble a los problemas sociales. 110 Los hacendados demandaban un cambio radical de la orientación para li- quidar la insurgencia. Es sintomático que, desde noviembre de 1921, hubieran llegado a la conclusión de que tal objetivo sería factible de alcanzar, pero para que se hiciera realidad estimaban indispensable ofrecer garantías creíbles de XQD DPQLVWtD VLQ H[FHSFLRQHV (VWDEDQ FRQYHQFLGRV GH TXH YDULRV GH ORV MHIHV «gavilleros» se iban a inclinar ante tal oferta. Al mismo tiempo, consideraban TXH KDEUtD TXH ORJUDU XQD HÀFLHQFLD HQ ODV RSHUDFLRQHV FRQ HO ÀQ GH LQFOLQDU OD balanza a favor de la negociación y la rendición. El punto crucial al respecto

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