Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
406 La resistencia rural anteriores se había venido aumentando el número de trabajadores asalaria- dos. La descomposición de la unidad campesina en el hinterland de la plan- tación y el incremento del número de trabajadores dieron por resultado que la crisis económica de 1920-22 se tradujese en una recomposición relativa de la guerrilla. Este fenómeno ni siquiera fue objeto de una intelección clara por los habitantes de la región, salvo para los encargados de la seguridad tanto dominicanos como estadounidenses. En todo caso, tuvo un efecto «oculto» en la población trabajadora afectada. El efecto «visible» mayor, casi único desde el punto de vista de la «opinión pública», consistió en que la crisis económica consolidó la tolerancia a la movilización nacionalista iniciada en mayo de 1920 con el levantamiento de la censura y la permisión de la actividad opositora SRU SDUWH GH OD GLFWDGXUD PLOLWDU H[WUDQMHUD Se puede establecer que la activación del nacionalismo incidió en la re- composición de la insurgencia rural, ya que esta respondía a un amplio esta- do de ánimo en las zonas urbanas. Empero, en ningún momento se anudaron relaciones entre el nacionalismo y un movimiento guerrillero caracterizado por un insuperable horizonte no moderno. La movilización nacionalista no solo no acercó al conglomerado urbano con el insurgente, sino que más bien contribuyó a que el primero tomara distancia deliberada del otro. Era com- prensible que así fuese por razones de clase, al estar el nacionalismo delimi- tado por un abanico social que abarcaba la clase trabajadora y la burguesía, y que tenía por núcleo a la porción cultivada de la clase media. De todas maneras, los insurgentes se reactivaron al contar con nuevos voluntarios y encontrar un terreno abonado en las empobrecidas comarcas donde operaban. No hay forma de calcular hasta qué grado se amplió de nue- vo el número de insurgentes, pero ese no debió ser el punto más destacado, sino más bien el apoyo que recibían de determinados segmentos de la pobla- ción. Fue el caso de los trabajadores haitianos, que empezaron a llegar poco tiempo antes a los campos cañeros, algunos de los cuales se insertaron en determinadas partidas rebeldes, aunque como fenómeno puntual. Apareció incluso un jefe haitiano de cuadrilla, que enarbolaba las banderas de los dos países. 105 Por razones sujetas a discusión, los trabajadores barloventinos de lengua inglesa, conocidos ya como «cocolos», se mostraron hostiles a la insur- JHQFLD ,JXDO GH GLVWDQWH VH FRPSRUWy OD SREODFLyQ SXHUWRUULTXHxD TXH ÁX\y al Este en esos años –los «paisas»– en bloque considerada como enemiga, por encontrarse dentro de ella un elevado número de colaboradores y espías. 3HVH D OD UHLWHUDGD GHVFRQH[LyQ HQWUH QDFLRQDOLVWDV XUEDQRV \ JXHUULOOHURV rurales, estos últimos no se mostraron ajenos a la perspectiva de la desocupa- ción, que ya se veía posible, a diferencia de los años anteriores. Algunos de
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