Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
398 La resistencia rural E L BANDIDAJE &RPR VH KD REVHUYDGR FXDQGR OD H[SORVLyQ GH OD LQVXUJHQFLD GH RULJHQ político se tornó defensiva, apareció como fenómeno paralelo el bandoleris- mo puro y duro. A diferencia de lo que acontecía anteriormente, desde 1918 se conformaron partidas numerosas de bandoleros que operaban de manera permanente y a la luz del día. Ganaron notoriedad en los campos de El Seibo personajes como Mon Pastor y Mambrú. No reclamaban motivación política alguna y perseguían el enriquecimiento o más bien el pillaje para rápido usu- fructo. No establecían distinciones entre sectores sociales y se cebaban con igual o mayor dureza sobre los pobres que sobre los comerciantes y hacendados. Aunque hubo precedentes de acción delictiva delimitada antes de 1916, puede aseverarse que su generalización, como fenómeno particular, acom- SDxy OD H[SORVLyQ GH OD YLROHQFLD TXH VLJXLy D OD UHQGLFLyQ GH 9LFHQWLFR SRU efecto de la sanguinaria acción de la Infantería de Marina. Se puede aseverar una degeneración de la insurgencia resultante de la atroz violencia prove- niente del costado gubernamental y de los requerimientos de supervivencia de fugitivos que primeramente acudían a procedimientos desordenados a la PDQR \ TXH VLQ PD\RUHV GLÀFXOWDGHV DSDUHQWHV SRGtDQ H[WUHPDUORV D SODQRV de criminalidad ominosa. Si bien, como fenómeno social, se hallaban deslindados de los «gavi- lleros», porciones de los efectivos de estas bandas criminales salían de las cuadrillas insurgentes, a resultas del desbordamiento de la violencia y de ODV GLÀFXOWDGHV GH ORV MHIHV SRU GRWDU GH FRQWHQLGRV OD DFFLyQ 88 Fue crucial al respecto la condición tradicional y rural de los jefes, que no estuvieron en condiciones de proyectar la acción a planos modernos que hubiesen contri- buido eventualmente a gestar una disciplina. Llegaba un momento en que los comportamientos de los sujetos y los imperativos de supervivecia se hacían incompatibles con normas mínimas de disciplina y honorabilidad que, en principio, procuraban imponer los jefes. Lo más grave fue que, en no pocos casos, los insurgentes que caían en la condición de delincuentes no se apartaran de las cuadrillas, al menos durante cierto tiempo, lo que llevaba a segmentos importantes de la población a no diferenciar los autodenominados «revolucionarios» de los que cuadraban con un patrón de bandidaje, atribuyendo a todos por igual una connotación peligrosa. Además de robar las pertenencias de los moradores pobres, los bandidos impusieron un estado de terror por la facilidad con que asesinaban a todo
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