Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
393 Historia general del pueblo dominicano 0DUWtQ 3HJXHUR De todas las cuadrillas, la que reunió un mayor número de integrantes fue la comandada por Martín Peguero. Este personaje, de edad algo avanzada, había tomado parte en las guerras civiles anteriores a 1916, se había arrogado HO WtWXOR GH JHQHUDO \ HUD ELHQ FRQRFLGR FRPR XQD GH ODV SHUVRQLÀFDFLRQHV FRQV - picuas del «gavillerismo». Fue utilizado como símbolo por Rafael Damirón en La cacica , en tanto que prototipo del bandido. No está clara la veracidad de esta historia novelada, pero sin duda Peguero había sido un personaje im- portante, aunque al igual que la generalidad de «generales» no traspasaba la condición de simple campesino. Por lo que indican los testimonios, se alzó en medio de la vorágine de violencia que siguió a la captura y fuga de Natera. Sospechoso por sus antecedentes, tendría que haberse protegido aunque no debieron faltarle las ansias sediciosas. Su hijo Guadalupe Mejía (Jacagua), de FRQWH[WXUD KDUWR YLROHQWD KDEtD IRUPDGR SDUWH GH OD WURSD GH (YDQJHOLVWD como uno de los jefes, lo que debió sopesar 0DUWLQFLWR a la hora de alzarse. El protagonismo de Peguero se asoció a la lucidez con que obró al dividir su contingente en destacamentos independientes unos de otros. Colocaba al IUHQWH GH FDGD XQR GH HOORV D XQ VXMHWR GH VX FRQÀDQ]D OH GHVWLQDED PLVLRQHV pero le dejaba libertad para operar, que incluía la responsabilidad de velar por la supervivencia. De tal manera, la tropa en realidad estaba integrada por una confederación de partidas que lo reconocían como jefe, pero obraban con DPSOLD LQGHSHQGHQFLD 6H FDOFXOD TXH HQ VXV PRPHQWRV GH PD\RU H[SDQVLyQ llegó a controlar más de trescientos hombres bajo las armas, además de un sinnúmero de colaboradores «mansos». 71 Operaba básicamente en la banda norte de la línea entre El Seibo y Hato Mayor, aunque a menudo se trasladaba al oeste de esta última localidad, sobre todo cuando debía eludir persecucio- nes de las fuerzas gubernamentales. Peguero no era un bandido, en el sentido lato del término, claro está, como no lo eran los demás jefes reconocidos como «revolucionarios». Pero SHUPLWtD VLQ PD\RU GLÀFXOWDG OD FRPLVLyQ GH DFWRV GHOLFWLYRV SRU LQWHJUDQ - tes de su tropa. Algunos de los que lo reconocían como superior se dieron a conocer por esta postura ambivalente entre la rebelión de origen político y el bandolerismo. Como consecuencia, quedó un estado crónico de temor en la comarca, aunque menor del que se apoderó desde entonces en Higüey. El ambiente fue aprovechado por partidas de delincuentes crueles que se de- GLFDURQ D H[WRUVLRQHV \ YLRODFLRQHV DOJXQRV GH ORV FXDOHV VDOtDQ GH ODV ÀODV insurgentes. Si bien Peguero imponía cierto orden, al parecer no se preocupó por un prurito de honorabilidad y se mantuvo apartado de toda intención PDQLÀHVWD GH GRWDU OD DFFLyQ GH XQ FRQWHQLGR SDWULyWLFR UHVDOWDQWH
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