Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

392 La resistencia rural torturas, fueron «¡Qué blancos más salvajes!». Otros individuos prestantes de la región se libraron a duras penas de la muerte, como aconteció al terra- WHQLHQWH iUDEH $EUDKDP +RIÀ] WDO YH] SRU HO VLPSOH KHFKR GH VHU DPLJR GH Agapito José. La saña con que los ejecutores de la represión trataron a los sospechosos urbanos, que incluían personas conocidas de la antigua administración, el comercio y las profesiones, se debía a que estaban convencidos de que, en el fondo, eran los cerebros u orientadores ocultos de la oposición armada. Algunos fueron sometidos a las torturas habituales, como el puertorriqueño Pedro Hernández, quien narró: Una vez en el campo fui atado por los pies, acostado boca arriba, de cara al sol y con un embudo me echaban agua por la boca, una damajuana de agua. Estuve tres o cuatro días en esas condiciones, atado y de noche dormía en las mismas condiciones, atados los pies y las manos, a la intemperie y un soldado me custodiaba, todo esto al lado de una hoguera de leña grande. 70 /RV RÀFLDOHV marines no concebían que los pobres rurales, visualizados casi como subhumanos, pudieran por sí mismos mantener una oposición ar- mada. Pero incluso dudaban de que los urbanos también pudieran hacerlo, sorprendidos por la tenacidad de los campesinos en armas, por lo cual se convencieron de que detrás de Natera y de otros jefes se encontraban agentes del Imperio Alemán. El «secreto» de la resistencia guerrillera se resolvía con tramoyas fantásticas de espías, que incluían a personajes misteriosos venidos GHO H[WHULRU L AS CUADRILLAS PRINCIPALES Y SUS JEFES En medio del desbordamiento de violencia sobresalieron unas pocas cuadrillas que mantuvieron capacidad de supervivencia. Varias, como se ha YLVWR VH GLVROYLHURQ SRU HIHFWR GH ODV GHUURWDV TXH OHV LQÁLJLHURQ ORV LQIDQWHV de marina, como fue la de Mayito Reyes, una de las más numerosas en 1918. Algunos de estos contingentes tenían relación con el centro del teatro de ope- raciones, entre El Seibo y Hato Mayor, mientras otros operaban en comarcas GLVWDQWHV HQWUH ODV TXH VREUHVDOLy HO H[WUHPR RULHQWDO GH OD LVOD

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