Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

390 La resistencia rural 'H DKt HQ DGHODQWH VH H[DFHUEy XQD GLVSRVLFLyQ FULPLQDO SRU SDUWH GH OD RÀFLDOLGDG GH OD ,QIDQWHUtD GH 0DULQD &XDQGR ORV GHVWDFDPHQWRV HQWUDEDQ HQ las aldeas, procedían a asesinar a los considerados sospechosos, especialmen- te jóvenes. Se destacó en esta labor el capitán Merkel, quien fue responsable de numerosos asesinatos en su condición de comandante de la compañía de caballería 44 de la Infantería de Marina. En algunas aldeas se procedía a aglomerar a moradores en bohíos que eran incendiados. 65 Algunos infelices, como los aquejados de las bubas, enfermedad venérea local, eran todavía más castigados por la furia homicida. 66 De manera espontánea, en respuesta a los desmanes, se formaron dece- nas de pequeñas cuadrillas, cuyos integrantes lo único que perseguían era salvar la vida. La mayoría de ellas no sobrevivían por mucho tiempo a causa de la ausencia de pericia militar de estos guerrilleros. Muchos se incorpora- ron a otras cuadrillas, mientras otros fueron objeto de severos golpes por la Infantería de Marina. A la postre quedaron unas veinte cuadrillas, aunque la mayoría de ellas no superó una situación bastante precaria, sujetas a ataques demoledores. (Q OD FRQÁDJUDFLyQ TXH VH DSRGHUy GHO (VWH 1DWHUD QR YROYLy D HQFD - bezar la generalidad de los alzados, aunque se mantuvo como un símbolo. Quedó, en cierta manera, como un primus inter pares , que podía tomar iniciati- vas en relación con las operaciones de distintos grupos, pero no comandarlos. Surgió un consenso de lo que debían ser los formatos operativos de la resis- tencia armada, consistentes en cuadrillas independientes entre sí, cada una con su respectivo jefe y, en la mayoría de casos, un área delimitada para sus actuaciones. Cada día se sumaban reclutas a las partidas insurrectas. La situación WRPy XQ FDUL] FDWDVWUyÀFR FRQ OD SHUVSHFWLYD GH XQD GHJUDGDFLyQ FDGD YH] mayor por la escalada de violencia. El Gobierno Militar perdió de nuevo el control sobre la región. Incluso los habitantes de las pequeñas ciudades me- diterráneas sentían estar al arbitrio de los insurgentes. Casi todos los alcaldes pedáneos tuvieron que abandonar sus secciones por temor a perder la vida. 1LQJXQD SHUVRQD FRQ IXQFLRQHV RÀFLDOHV VH DYHQWXUDED D UHDOL]DU VXV DFWL - vidades en esos meses. Varios inspectores de Agricultura o alcaldes fueron ejecutados. Gran parte de las haciendas ganaderas fueron abandonadas por sus propietarios. De nuevo proliferaron las voces de alarma en el sentido de que se perderían todos los «intereses». 67 Ante este panorama, los dominadores acudieron a la reconcentración , XQ H[SHGLHQWH DSUHQGLGR GH ODV DXWRULGDGHV HVSDxRODV HQ &XED GXUDQWH OD Guerra de Independencia de 1895. Se dio la orden de que toda la población

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