Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

385 Historia general del pueblo dominicano paso para declararse en rebeldía, seguramente porque las condiciones no les eran propicias. Bastaría citar los nombres de Cipriano Bencosme, en Moca, y de José del Carmen Ramírez en San Juan. El primero estuvo detrás del abas- tecimiento de los insurgentes de la cordillera Septentrional, aunque nunca RVy VXPDUVH D HOORV 5DPtUH] OD ÀJXUD GH PD\RU SUHVWLJLR HQ 6DQ -XDQ GH la Maguana, fue encarcelado por los ocupantes tras su llegada al Suroeste, precisamente en la misma época en que lo hicieron en el Este; fue acusado de seguir alentando la disidencia del profeta Olivorio Mateo, quien si bien no se SURSRQtD H[SXOVDU D ORV QRUWHDPHULFDQRV VH QHJDED D UHFRQRFHU VX DXWRULGDG Tal aislamiento fue resentido por Evangelista. De todas maneras, per- sistió en los propósitos al grado de reunir una tropa de cerca de quinientos hombres después que pudo sortear momentos harto difíciles que siguieron a la defección de Chachá y a cercos que le fueron tendidos por la Infantería de Marina. Evangelista y sus lugartenientes se tornaron la autoridad real en los campos del Este. Esto se logró sobre la base de la combinación entre la com- pulsión sobre unos y la adhesión voluntaria de muchos otros. En esta etapa, al parecer, la guerrilla gozaba de incontrovertible estima en segmentos amplios de la población. Lo reconocieron incluso analistas in situ de la Infantería de Marina estadounidense: «Aunque ellos sufrían a manos de los bandidos, los agricultores y aldeanos con frecuencia admiraban y respetaban a los líderes como Vicentico, y muchos de ellos no veían con agrado a los marines a quienes FRQVLGHUDEDQ FRPR LQWUXVRV H[WUDQMHURVª 54 (V SUREDEOH TXH QR VLHPSUH HVH DSR\R YROXQWDULR SURYLQLHVH GH XQD H[DF - ta conciencia patriótica, sino más bien del sentimiento instintivo de repulsa ante la tropa invasora. También debió ser producto del aura de que estaba investido el caudillo desde antes, aunque sin duda se había reforzado a causa de su oposición a los ocupantes. Evangelista, sin embargo, carecía de los rudimentos para transformar un PRYLPLHQWR TXH UHVSRQGtD D OD OyJLFD \D FRGLÀFDGD GH ORV ©JDYLOOHURVª HQ XQD guerra nacional. Se dedicó a saldar cuentas personales, para lo cual implantó un estado de terror contraproducente. Su biógrafo, no obstante el acento com- placiente, admite desafueros derivados de la infame persecución de enemigos personales, a los que no dudaba en dar muerte. 55 Inicialmente estas actitudes no fueron óbice para que se mantuviera el apoyo, aunque revestido de una dosis de compulsión. Esa duplicidad le ase- guraba la capacidad de supervivencia ante un enemigo tan formidable como era el cuerpo dependiente del presidente de los Estados Unidos. El arma prin- cipal radicó en el reclamo de la condición gubernamental. A pesar de estar rodeado de maleantes, los mantenía a raya y castigaba los desafueros en que

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