Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
379 Historia general del pueblo dominicano veces por su dureza. Por ejemplo, el general Roselio de la Cruz (Cecé), en una época principal dirigente del jimenismo en Hato Mayor, dejó un recuerdo de odiosa crueldad como representante del orden. 40 Desde luego, acontecía a veces lo contrario, como sucedió con el también jimenista Fidel Ferrer, casi siempre beligerante gubernamental, pero por momentos también «gaville- ro». 41 Además, para no pocos jefes «gavilleros» carecía de importancia una adscripción partidaria, por lo que sus lealtades podían ser volubles en función de circunstancias puntuales. &RQ OD PXHUWH GH &iFHUHV HQ QRYLHPEUH GH VH H[DFHUEDURQ ORV FRQ - ÁLFWRV HQ VtPLO GH OR DFRQWHFLGR HQ \ VH JHQHUDOL]DURQ ODV WHQWDWLYDV GH una revolución desde instancias locales, que degeneraban en el formato bien establecido de los caudillos, quienes eran tildados de gavilleros, algunos bas- WDQWH UHFRQRFLGRV SRU LGHQWLÀFDUVH FRQ HO WLSR GH DFFLyQ /D UHFXUUHQFLD GH FRQÁDJUDFLRQHV QDFLRQDOHV HQ \ DPSOLy HO número de combatientes salidos de las tropas disponibles para enrolarse en sucesivas intentonas «revolucionarias». Cuando estas fracasaban en el em- peño por derrocar el gobierno, una parte de los combatientes se mantenían durante un tiempo en los montes en búsqueda de garantías de que sus inte- reses y vidas serían respetados. Los pequeños caudillos horacistas a menudo no aceptaban ser sacados del poder por los que consideraban usurpadores, aunque hubiesen sido hasta poco antes sus compañeros momentáneos. $O OOHJDU -XDQ ,VLGUR -LPHQHV SRU VHJXQGD YH] D OD SUHVLGHQFLD D ÀQDOHV GH VH SXVR GH PDQLÀHVWR OD YDULHGDG GH IDFWRUHV TXH IDYRUHFtDQ OD LQ - surgencia crónica, sobre todo por los residuos que habían dejado las guerras civiles recién transcurridas. Guerrear se había hecho un hábito para muchos. 6H KDEtD LGR GHÀQLHQGR XQ SDWUyQ GH HVWUDWHJLDV GH YLGD HQ TXH OD JXHUUD cobraba un valor intrínseco. Los jefezuelos actuaban movidos siempre detrás de ventajas, para lo cual se coaligaban con instancias superiores de las forma- ciones políticas. Favorecía tal comportamiento que los «partidos» tendieran a escindirse o a ser escenarios de recomposiciones con otros, mientras los caudillos navegaban en este mar de intrigas. Jimenes en la presidencia por segunda vez (1914-1916) no pudo evitar que se coaligaran sectores que se habían escindido a raíz de la disputa entre Vásquez y Cáceres. Aunque Vásquez, que venía de perder unas elecciones, actuó con cuidado y no alentaba las acciones insurreccionales, no perdía de vista su propósito de retornar al mando, por lo que no las desautorizaba de manera verdaderamente categórica. En 1915 se evidenciaba que el Este se había tornado en la región más con- vulsa del país. En varias ocasiones se pusieron de acuerdo líderes horacistas
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