Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

378 La resistencia rural como delincuentes. No era el caso, por supuesto, puesto que reclamaban un contenido político, y cuando su partido ejercía el poder se trocaban sus pape- les hacia posiciones en el tinglado del orden, como bien ha puesto de relieve María Filomena González. 37 Por lo demás, gozaban a menudo de un prestigio entre los lugareños, basado en relaciones primarias y familiares, que podía OOHJDU D VHU H[XOWDQWH $QWH WRGR GHEtDQ WHQHU XQD FRQVWLWXFLyQ GXUD TXH OHV permitía representar la función de revolucionarios sempiternos. Los núcleos primarios de sus seguidores se representaban como hombres de honor, siem- pre dispuestos a la violencia. Pero no siempre era así: estos jefezuelos locales reproducían los atributos de los caudillos reconocidos en cuanto a correa de transmisión con los mecanismos de poder y representativos del sentido de autoridad, lo que les daba la potestad de tornarse en garantes del orden. *RQ]iOH] KD SRVWXODGR XQD FRUUHODFLyQ LQYHUVD HQWUH FRQÁLFWRV HQ OD F~V - pide con guerra civil e insurgencia crónica. No todos los períodos avalan tal hipótesis pero sí al menos los años de la administración de Ramón Cáceres, de UHODWLYD HVWDELOLGDG (QWRQFHV VH DEULy XQD HVFLVLyQ GHQWUR GH ODV ÀODV KRUDFLVWDV a causa de los propósitos del presidente y sus ministros positivistas de erradi- car el caudillismo. El medio principal para la aplicación de ese programa con- sistió en el fortalecimiento de una tropa profesional centralizada al servicio del presidente. Muchos integrantes del «partido» gobernante, sobre todo caudillos y subordinados, acudieron a la conspiración y otros a la rebelión. Casi todos estos inconformes terminaron agrupados debajo de la imagen ya legendaria GH +RUDFLR 9iVTXH] TXLHQ DOHQWy GHVGH HO H[LOLR XQD FRQMXUD FRQWUD VX SULPR y antiguo correligionario. 38 En los años posteriores, la mayoría de las accio- nes «gavilleras» fueron protagonizadas por seguidores de Vásquez. Todavía durante la Ocupación Militar algunos contingentes de insurgentes mantenían como consigna principal los vítores a ese personaje. El destacamento de mari- nes que comandaba el coronel George Thorpe, jefe de operaciones, fue atacado el 7 de septiembre de 1918 cerca de Dos Ríos por unos cien insurgentes que gritaban: «Carajo, adelante, viva la revolución, viva Horacio Vásquez». 39 Desde 1902 los jimenistas generalmente apostaban por la insurrección a gran escala, aunque a partir de 1906 otros acataron la orientación de su líder supremo, quien decidió brindar apoyo a Cáceres, bien impresionado por su obra «civilizadora», como medio renovado de contraposición personal con Vásquez. De tal dualidad de comportamientos provino en 1914 la escisión del jimenismo entre los «pata blanca» y los «pata prieta». Cuando un jime- nista, aun pata prieta, acudía al alzamiento «gavillero» tendía a hacerlo al margen de los mecanismos comunes del agrupamiento. Más bien, jimenistas GLVWLQJXLGRV TXHGDEDQ UHFRQRFLGRV FRPR KRPEUHV LQÁH[LEOHV GHO RUGHQ D

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