Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV

377 Historia general del pueblo dominicano 3RVLEOHPHQWH ODV SULPHUDV H[SUHVLRQHV FRQVLVWHQWHV GH OD LQVXUJHQFLD crónica estuvieran asociadas a la renuencia de algunos caudillos regionales de menor monta frente a la consolidación en el poder de los partidarios de Vásquez. En el Suroeste se distinguieron dos personajes conocidos a escala re- gional: Candelario de la Rosa, en la sierra de Baoruco, y Celedonio Pantaleón en la de Neiba. 34 (VWRV HVFHQLÀFDURQ IUHFXHQWHV LQWHQWRV \ DFHSWDURQ HQ UHLWH - radas ocasiones hacer la «presentación» a cambio de concesiones. Un segundo foco de esta modalidad de rebelión se abrió en el Cibao, don- de una miríada de caudillos de varias escalas se planteaba revertir la situación H[LVWHQWH (VWD DFWLWXG VH JHQHUDOL]y VREUH WRGR WUDV OD GHUURWD GH ORV MLPHQLVWDV en la guerra de la Desunión, intento bélico en pos del poder contra las manio- bras del presidente Carlos Morales Languasco. Lo más cómodo para no pocos hombres de armas pasó a ser alzarse en el monte para negociar con los ene- migos tras la visualización de que no sería posible desatar una «revolución». El tercer escenario, en el Este, tuvo de inmediato especial importancia relacionado con los cambios en la región. Desde muy pronto algunos grupos de insurgentes crónicos se vincularon a la defensa de intereses de grandes propietarios e ingenios azucareros. Operaron a veces con formatos similares D OD PDÀD SDUD PHGUDU JUDFLDV D ©SURWHFFLRQHVª 35 Ese fue uno de los temas subyacentes en la incidencia de Secundina Reyes (La Cacica), asesinada por motivos pasionales en 1908, en asociación con formaciones incipientes de re- beldes crónicos, con comportamientos dudosos, entre ellas las dirigidas por ORV \D FRQRFLGRV KHUPDQRV ÉOYDUH] DVt FRPR OD SUHVHQFLD GH RWUDV ÀJXUDV TXH luego tomarían un mayor protagonismo. 36 3DUD HQWRQFHV HVWDED VXÀFLHQWHPHQWH GHÀQLGR HO FRQMXQWR GH SDWURQHV característicos de la insurgencia crónica y de baja intensidad en la generalidad del país. Casi siempre involucraba a contingentes pequeños, de no más de unas docenas de seguidores y a veces incluso menos. La falta de condiciones en otros casos llevaba a que una rebelión aislada careciera de posibilidades GH SHUPDQHQFLD /RV VXMHWRV LGHQWLÀFDGRV FRPR JDYLOOHURV IXHURQ FUHDQGR XQ modus operandi TXH OHV UHGLWXDED EHQHÀFLRV 6H IXHURQ DVt FRQIRUPDQGR FROHF - tivos que estaban prestos a alzarse, por lo que tenían que ser objeto de la aten- ción de los gobiernos, fuese para negociar o para reprimirlos en la medida en que resultara factible. Como estas formaciones no podían concitar los medios de logística de las «revoluciones» a gran escala, a menudo sus participantes UHDOL]DEDQ H[WRUVLRQHV \ URERV GH EDMD PRQWD VHFXHVWURV \ DVDOWRV 7DOHV DF - ciones, aunque también se producían a menudo en los movimientos de los caudillos de prestigio, redundaron negativamente sobre la imagen de estos insurgentes, que pudieron en mayor medida ser asimilados por los gobiernos

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