Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
284 La Ocupación Militar norteamericana, 1916-1924 /DV DÀUPDFLRQHV GH 6QRZGHQ VHQWDURQ XQD IDODFLD TXH IXH VHGLPHQWiQ - dose a medida que la academia norteamericana de los años veinte la replicó hasta convertirla en verdad de sentido común. De Carl Kelsey (1922) a Bruce &DOGHU KLVWRULDGRUHV \ H[HJHWDV SHUSHWXDURQ DFUtWLFDPHQWH OD LPDJHQ GH una ruralía dominicana desprovista de instituciones escolares. Sin embargo, en pleno año 1917, a pocos meses de haber sido ocupado el país, los informes de las Intendencias Provinciales de Enseñanza que ha sido posible rescatar dejan YHU XQ SDQRUDPD HQWHUDPHQWH GLVWLQWR SXHV ODV HVFXHODV UXUDOHV H[LVWHQWHV HQ 45 de 65 «comunes» en que se dividía el país totalizaban 212 (ver Cuadro 11). ¿Cómo pudo ignorarse esa realidad hasta subestimarla en ese grado? 8Q LQWHUpV H[SUHVR SRU GLVPLQXLU HO DOFDQFH GHO GHVDUUROOR HVFRODU SUHFHGHQWH puede intuirse en las fuerzas ocupantes que operaron en las Antillas, esen- FLDOPHQWH LQWHUHVDGDV HQ PDJQLÀFDU VXV SROtWLFDV KDFLpQGRODV DSDUHFHU FRPR verdaderos hitos en la historia escolar de las sociedades ocupadas. Ciertamente, en el caso dominicano, el desbarajuste administrativo del VLVWHPD HVFRODU HQ KDFtD GLItFLO UHFDEDU HVWDGtVWLFDV FRQÀDEOHV SHUR HQ - WUH ODV HVFXHODV TXH VH GDEDQ SRU H[LVWHQWHV \ ODV UHSRUWDGDV SRU HVDV FRPXQHV H[LVWLy DOJR PiV TXH GLVSHUVLyQ GH LQIRUPHV 3UREDEOHPHQWH HO VXE registro se debiese parcialmente a una suerte de «obstáculo epistemológico» (a lo Bachelard) en la percepción del ocupante, consistente en que se conta- ba solo el tipo de escuela que «would in the United States be called such» («podría llamarse tal en los Estados Unidos»), prenoción que recorre muy IUHFXHQWHPHQWH ODV DÀUPDFLRQHV GH ORV UHVSRQVDEOHV HGXFDFLRQDOHV HQ ODV cuatro Ocupaciones antillanas, consistente —como fue dicho— en un espacio DXWyQRPR HVSHFtÀFDPHQWH GHVWLQDGR D OD ODERU LQVWUXFFLRQDO FRQ DFFHVR OLEUH y gratuito al común de los infantes. La escuela pública de los campos dominicanos no era así. Como señala- ban los inspectores del servicio con frecuencia, en gran parte era una escuela que cohabitaba con el domicilio del maestro, quien muchas veces llegaba a dirigirla por el solo hecho de poseer el espacio para alojarla, cosa que limitaba la posibilidad de controlar la calidad de la enseñanza, como advertía el ins- pector del fronterizo Distrito Escolar No. 32 en 1918: El personal docente de algunas de las escuelas rurales de mi Distrito QR WLHQH VXÀFLHQWH FDSDFLGDG LQWHOHFWXDO SDUD OOHQDU ELHQ VX FRPH - tido; pero es muy difícil reemplazar a algunos maestros porque las HVFXHODV IXQFLRQDQ HQ HQUDPDGDV DQH[DV D ODV FDVDV TXH HOORV KDEL - tan y para poder nombrar otros es necesario construir antes locales independientes para las escuelas rurales. 136
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3