Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
222 El protectorado de los Estados Unidos que le concedió a los Estados Unidos poderes propios a un protectorado. 49 En una circular a todos los gobernadores de las provincias del país Morales Languasco insistió en que «la integridad del territorio de la República, la sus- tancial forma que se sintetiza en la amplitud de la Soberanía queda sin me- noscabo, sin trabas, imperando en el Estado Dominicano». El convenio, dijo, ©LPSLGH ODV LPSRVLFLRQHV GH OD IXHU]Dª \ WDPELpQ ©DEUH YtDV DO H[DPHQ GH FXHQWDV QR MXVWLÀFDGDVª (O LQVWUXPHQWR YLQR D VHU ©XQD JDUDQWtD SDUD ORV EXH - nos, para los que trabajan, para los que contribuyen a la verdadera grandeza de la Patria», y por esas razones, concluyó el presidente, con la Convención «se ha alcanzado [el] supremo ideal del patriotismo». 50 Es notable que en ninguna de sus cartas el presidente dominicano criticara HVSHFtÀFDPHQWH D OD ,PSURYHPHQW R D /LOtV FRPR ORV HYLGHQWHV FXOSDEOHV SRU la crisis que vivía el país. Al general Manuel Velázquez insistió en que «de nadie es la culpa sino de nosotros mismos». 51 Morales Languasco atribuye el IUDFDVR ÀQDQFLHUR GHO SDtV D ©ORV GHVDFLHUWRV \ D ODV WRUSH]DV \ D ODV LQIDPLDVª acumulados «en veinte años de oprobio y de vergüenza». 52 Una vez tras otra, el presidente echa la culpa a los dominicanos, y no solamente a los líderes po- líticos: «La indiferencia con que los buenos dominicanos vieron las demasías GH ORV PDORV JREHUQDQWHV KD VLGR OD FDXVD GH OD UXLQRVD FRQGLFLyQ ÀQDQFLHUD de esta República». 53 En palabras que hacen eco del concepto de la civilización, XQD IUDVH PX\ FDUJDGD GH VLJQLÀFDGR SDUD OD pOLWH GH HVD pSRFD LQVLVWLy ©TXH QR podemos continuar viviendo esa vida de desorden, y que no nos asiste ningún derecho natural a oponernos a la marcha de la civilización». 54 Finalmente, «creo que hemos llegado ya a las puertas del progreso», «vamos a vivir vida civiliza- da», la convención nos pondrá «en capacidad de ser nación». 55 Morales Languasco parecía tener una fe ingenua en las buenas intencio- nes de los Estados Unidos. En carta tras carta habla del «gran pueblo ameri- FDQR FX\DV WHQGHQFLDV \ GRFWULQDV QDGLH GHVFRQRFHª FRQÀUPDQGR TXH ©\R WHQJR DEVROXWD FRQÀDQ]D HQ OD EXHQD IH TXH OHV DQLPDª 56 El convenio con los Estados Unidos «es uno casi paternal; para nosotros, y solo para nosotros, son todas las ventajas», le dijo a Agustín Reyes. «Ellos obran impulsados por el deber, la obligación [moral] que se han impuesto, ante el mundo, de ayudar- nos en la obra de regeneración político-social». 57 En su misiva al encargado de negocios en Nueva York, Emilio C. Joubert, Morales Languasco se entusias- mó, celebrando el hecho de que «tenemos un amigo, francamente decidido. < HVH DPLJR >«@ HV QDGD PHQRV TXH 0U 5RRVHYHOW TXLHQ GHVSXpV GH *UDQW es el prestigio más grande de los EE. UU. en estos últimos cuarenta años». 58 Por momentos entran elementos de mayor realismo que ubican esa fe en XQ FRQWH[WR PHQRV LQRFHQWH (Q DOJXQDV FDUWDV 0RUDOHV /DQJXDVFR DGPLWH
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