Historia General del Pueblo Dominicana Tomo IV
Historia general del pueblo dominicano 101 últimas revoluciones y por la Guerra de los Seis Años principalmente costeada por Luperón. Esta y otras actuaciones desafortunadas del general González, pusieron en pie de guerra al Partido Azul. En un “Acta de Acusación” diri- gida al Congreso Nacional por la sociedad santiaguera La Liga de la Paz, y escrita casi en su totalidad por Manuel de Jesús Peña y Reinoso señalaba que González había ejercido la presidencia pésimamente. Este documento estaba ÀUPDGR SRU OD PD\RUtD GH ORV PLHPEURV PiV GHVWDFDGRV GHO 3DUWLGR $]XOª 40 La Liga de La Paz, una de las instituciones más importantes de la época y que respondía a ideales liberales, fue instalada en Puerto Plata en 1875 conforme a la convocatoria que hizo circular el Bufete preparatorio, compuesto de los ciudadanos Gregorio Luperón, Segundo Imbert, Federico Lithgow, Manuel Joaquín Jiménez y Eduardo Lovatón, comisionados por la sociedad «Liga de la Paz» de Santiago de los Caballeros, para instalar en esta ciudad una de iguales tendencias y sobre las mismas bases; concurrieron en número de setenta y ocho ciudadanos a la casa morada del mencionado ciudadano Gregorio Luperón. El presidente Sr. Imbert dio principio manifestando que se abstenía de hablar largamente de las tendencias de la Sociedad «Liga de la Paz» por razón de que el juramento que, para ingresar en ella, VH H[LJtD HUD PXFKR PiV HORFXHQWH TXH VXV SDODEUDV SXHVWR TXH EDV - WDQWH ELHQ H[SOLFDGRV HVWiQ ORV DOWRV ÀQHV TXH VH SURSRQH DOFDQ]DU \ realizar; pero que sí llamaba la atención de todos los concurrentes para que apreciaran en su justo valor las ventajas que promete una asociación como esta. Leyóse la fórmula del juramento y todos uná- nimemente aplaudieron tan laudable idea, e incontinentemente fue aceptada. El benemérito general Luperón, ampliando más las bases de la Sociedad «Liga de la Paz», y con la elocuencia que le es característica, hizo presente que asociaciones de esta especie eran altamente conve- nientes en nuestro país por los graves perjuicios que pueden evitar y los grandiosos resultados que se adquirían con la enseñanza de que el arma se debe sustituir con la pluma y la azada, y los derechos del ciudadano se respetarían sin necesidad de apelar a las detestables revoluciones, sino por medio de la poderosa voz de la prensa y las reuniones públicas; también dijo que esta congregación de hombres libres y patriotas sería para cualquier Gobierno que se diera la na- ción, otras tantas columnas sólidas en que descansaría el augusto templo de la Libertad, la Paz y la Independencia. 41
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